Del Blue Monday al Glow Monday: cuando la belleza se convierte en ritual emocional
Enero tiene una manera particular de ponernos a prueba. Los lunes se sienten más densos, el cuerpo aún acusa el cansancio de las fiestas y la motivación parece haberse quedado en pausa. A ese estado anímico colectivo lo llamamos Blue Monday: un día gris, más emocional que real, pero profundamente reconocible.
Sin embargo, no todo lunes difícil tiene que marcar el tono de la semana. A veces, el cambio no viene de grandes decisiones ni de discursos motivacionales, sino de algo mucho más íntimo: un gesto frente al espejo. Ese instante silencioso en el que decides cómo quieres habitar tu día.
Ahí nace el Glow Monday. No como una tendencia viral ni como una exigencia de “sentirse bien”, sino como una elección consciente: verte como quieres sentirte. Elegir un poco de luz, incluso cuando el ánimo no está al cien.

El maquillaje como acompañamiento, no como imposición
En este contexto, la belleza deja de ser corrección o perfección. Se vuelve un lenguaje emocional. Un ritual cotidiano que no busca transformar quién eres, sino acompañarte en los días reales: los productivos, los cansados y también los grises.
Desde esta mirada, marcas como Avon entienden que maquillarse no siempre es para “verse mejor”, sino para sentirse más presente. Belleza que se adapta al mood, no al revés.
Pequeños gestos que cambian el día
El Glow Monday no se construye con una lista rígida de productos, sino con momentos que suman y reconectan.
El brillo que acompaña
Un gloss puede ser el primer gesto de autocuidado del día. Ligero, hidratante, sin exigencias. Aporta luz inmediata y se siente cómodo desde la mañana hasta la noche. Un aliado que acompaña sin pedir nada a cambio.
Un destello en la mirada
Una sombra con brillo basta para levantar cualquier look. Ilumina los ojos, da dimensión y cambia la expresión incluso en esos días en los que no hay tiempo —ni ganas— de pensar demasiado.
Color que despierta
El rubor luminoso devuelve frescura al rostro. Es un gesto simple, casi automático, que hace que todo se vea más vivo, más despierto, más tú.
Luz que se nota (y se siente)
Un iluminador bien aplicado en pómulos, puente de la nariz o arco de la ceja suma ese glow sutil que marca la diferencia. No transforma el día, pero sí la forma en la que te miras dentro de él.


Elegir el glow también es cuidarte
El Glow Monday no niega el cansancio ni pretende que todo esté bien. Al contrario: parte de reconocer cómo te sientes y, aun así, regalarte algo que te haga bien. Jugar, expresarte, acompañarte.
Porque el brillo no siempre aparece solo. A veces hay que provocarlo, incluso en lunes. Y cuando lo haces a tu manera, sin reglas ni presión, algo cambia.
Así se vive el Glow Monday: como un recordatorio de que siempre puedes elegir un poco de luz. Y que cuando la belleza te acompaña, te cuida y celebra quién eres —incluso en lunes—, el glow es inevitable.
