Perú se consolida como destino clave del slow travel en 2026
Viajar ligero, sin prisas y con mayor conexión con el entorno dejó de ser una aspiración para convertirse en una de las grandes tendencias turísticas de 2026. El llamado slow travel propone redescubrir los destinos desde un ritmo más consciente, donde el trayecto es tan relevante como el punto de llegada. En este escenario, Perú emerge como uno de los países donde esta filosofía se vive de manera natural, impulsada por su diversidad geográfica y cultural.
Uno de los territorios donde el viaje pausado adquiere mayor sentido es la Amazonía peruana, particularmente en la región de Loreto, hogar de la imponente Reserva Nacional Pacaya Samiria. Considerada una de las áreas naturales protegidas más extensas y biodiversas de Sudamérica, este santuario ecológico convierte al río en el eje absoluto de la experiencia.
Navegar por el Río Amazonas y sus afluentes implica aceptar otro pulso: desplazarse en silencio, observar la vida que se asoma en las orillas y entender que el trayecto es parte esencial del viaje. En sus bosques inundables, ríos de aguas negras y claras, habitan especies emblemáticas como el delfín rosado, el manatí amazónico, caimanes, monos y una extraordinaria diversidad de aves.
La experiencia puede vivirse a bordo de cruceros fluviales que recorren grandes extensiones de selva con comodidad o en lodges inmersos en plena naturaleza, donde el día comienza con los sonidos del bosque y continúa en canoas, caminatas y encuentros con comunidades locales. Aquí, el tiempo lo marca el río.

Montañas, neblina e historia viva
El turismo slow también encuentra una expresión poderosa en la región de Amazonas, al nororiente del país, uno de los tesoros menos explorados del territorio peruano. Aunque comparte el espíritu selvático, el paisaje cambia hacia montañas verdes, bosques nublados y caminos que invitan a avanzar con calma.
Su capital, Chachapoyas, funciona como punto de partida ideal. Calles tranquilas, balcones de madera y plazas donde sentarse a tomar café y observar la vida cotidiana forman parte del encanto. Aquí, detenerse también es un plan.
Desde la ciudad, el recorrido puede conducir hacia la espectacular Catarata Gocta, una de las más altas del país con 771 metros de caída. El acceso se realiza a través de senderos que atraviesan el bosque nublado, donde cada tramo invita a escuchar aves, contemplar la vegetación y caminar sin apuro antes de encontrarse con el estruendo majestuoso del agua.
La experiencia se completa en Kuélap, una ciudadela prehispánica ubicada en lo alto de la montaña. Lejos de las multitudes, recorrer sus muros y estructuras circulares permite una conexión íntima con la historia, en diálogo permanente con el paisaje andino que la rodea.

Una tendencia que se vuelve forma de viaje
En ambos territorios, los alojamientos acompañan este ritmo pausado con espacios integrados al entorno, vistas abiertas y gastronomía basada en ingredientes locales. El descanso, la comida y el paisaje forman parte de una misma experiencia, reforzando la idea de viajar con menos itinerarios rígidos y mayor presencia.
Más que una moda pasajera, el turismo slow en Perú se perfila como una manera natural de descubrir el país: dejar que el paisaje marque el ritmo y conceder tiempo al asombro.
Desde México, existen vuelos internacionales directos hacia Lima desde Ciudad de México y Cancún. Desde la capital peruana, conexiones aéreas permiten acceder tanto a la Amazonía como a los Andes, facilitando itinerarios que combinan ríos, selva y montañas bajo una misma filosofía de viaje.
Para más información e inspiración, se puede consultar el sitio oficial de turismo de Perú: www.peru.travel.
