Hidratación en invierno: cuatro mitos que debes dejar atrás cuando baja la temperatura
Cuando las temperaturas descienden, tomar un vaso de agua puede dejar de ser una prioridad. El café caliente, las infusiones y las bebidas reconfortantes ganan protagonismo, mientras que la sensación de sed parece disminuir. Sin embargo, aunque cambien nuestros hábitos, el cuerpo continúa necesitando agua para funcionar adecuadamente.
La respiración, la actividad física y otros procesos cotidianos implican pérdidas de líquidos incluso cuando no hace calor. Por eso, durante el invierno también es importante prestar atención a la hidratación y evitar que la falta de sed se convierta en una razón para beber menos agua.
Ximena Barajas, nutrióloga de Bonafont, señala que durante esta temporada las pérdidas de líquidos pueden pasar más desapercibidas. La recomendación es procurar una hidratación constante a lo largo del día, sin esperar necesariamente a sentir sed.
Para entender mejor cómo cuidar este hábito, Bonafont comparte cuatro mitos frecuentes sobre la hidratación en temporada de frío.

1. Mito: si no tengo sed, no necesito tomar agua
Realidad: La sed es una señal que ayuda a reconocer la necesidad de líquidos, pero su intensidad puede variar según las condiciones ambientales y las características de cada persona.
Cuando hace frío, algunas personas experimentan menos sed y, como consecuencia, reducen su consumo de agua sin darse cuenta. Por ello, conviene distribuir la ingesta de líquidos durante el día y tener agua disponible en el trabajo, en casa o mientras realizas tus actividades cotidianas.
Crear pequeños recordatorios para beber agua puede ayudarte a mantener este hábito incluso cuando las temperaturas invitan a permanecer bajo una manta y disfrutar una bebida caliente.
2. Mito: en invierno perdemos menos agua que en verano
Realidad: El organismo continúa perdiendo líquidos, aunque no siempre lo percibamos de la misma manera.
Al respirar, liberamos vapor de agua; durante el ejercicio podemos sudar, incluso si llevamos varias capas de ropa, y la exposición al frío puede aumentar la producción de orina en determinadas circunstancias.
Estas pérdidas pueden pasar inadvertidas porque no necesariamente están acompañadas de calor intenso o sudoración visible. Por eso, mantener una ingesta regular de líquidos sigue siendo importante durante los meses fríos.
3. Mito: si hago ejercicio con frío, no necesito hidratarme tanto
Realidad: La actividad física también requiere prestar atención a la hidratación durante el invierno.
Al correr, caminar, entrenar al aire libre o practicar algún deporte, el cuerpo pierde líquidos mediante el sudor y la respiración. Además, las prendas térmicas pueden hacer que la sudoración resulte menos evidente.
Beber agua antes, durante y después del ejercicio, de acuerdo con la intensidad de la actividad y las necesidades individuales, ayuda a reponer los líquidos perdidos. No importa si entrenas en un gimnasio o sales a correr por la mañana: la hidratación debe acompañar tu rutina.
4. Mito: el café y el té sustituyen por completo al agua natural
Realidad: Las bebidas calientes también aportan líquidos, pero el agua natural sigue siendo una excelente opción para hidratarse diariamente.
El café y el té pueden formar parte de una rutina equilibrada. Aunque la cafeína tiene un efecto diurético, las cantidades habituales no impiden que estas bebidas contribuyan a la ingesta total de líquidos en la mayoría de las personas.
La clave está en mantener variedad sin olvidar el agua natural. Puedes disfrutar tu café por la mañana o una infusión por la tarde y, al mismo tiempo, procurar beber agua regularmente.

¿Cuánta agua necesitas durante el invierno?
No existe una cantidad idéntica para todas las personas. Las necesidades de líquidos varían según la edad, el peso, la actividad física, la alimentación, el estado de salud y las condiciones ambientales.
Como referencia general, Bonafont señala que consumir al menos dos litros de agua al día puede ayudar a mantener una ingesta adecuada de líquidos. Sin embargo, esta cantidad no es una regla universal: las necesidades individuales pueden ser mayores o menores, y también se obtiene agua a través de alimentos y otras bebidas.
Una manera sencilla de cuidar tu hidratación es tener una botella de agua a la mano, beber regularmente durante el día y ajustar el consumo a tu actividad y circunstancias.
Bonafont promueve este hábito cotidiano con su oferta de agua de origen natural, como una alternativa para incorporar la hidratación a la rutina durante cualquier época del año.
La conclusión es sencilla: el frío puede cambiar nuestras costumbres, pero no elimina la necesidad de hidratarnos. Escuchar al cuerpo, mantener el agua al alcance y beber de manera regular son pequeños hábitos que pueden contribuir al bienestar durante toda la temporada.
