Prediabetes en México: tres creencias que podrían retrasar su detección y prevención
Sentirse bien no siempre significa que todo esté bien. La prediabetes puede avanzar sin síntomas y pasar desapercibida durante años, mientras aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. En México, más de 17 millones de adultos viven con esta condición, de acuerdo con cifras citadas por especialistas.
La buena noticia es que recibir un diagnóstico de prediabetes no significa que el desarrollo de diabetes sea inevitable. Por el contrario, puede convertirse en una oportunidad para hacer ajustes en la rutina diaria y cuidar la salud antes de que aparezcan complicaciones.
Uno de los primeros pasos es dejar atrás la idea de que la prediabetes solamente afecta a personas mayores o con sobrepeso. Ser joven o delgado no elimina el riesgo. La falta de actividad física, una alimentación poco equilibrada, el estrés y los antecedentes familiares también pueden influir.
De hecho, datos de la ENSANUT señalan que alrededor de 18% de los mexicanos de entre 30 y 39 años vive con prediabetes, una cifra que pone sobre la mesa la importancia de comenzar a cuidar la salud metabólica desde edades más tempranas.
Y hacerlo no necesariamente implica transformar la vida de un día para otro. Caminar, bailar, andar en bicicleta o mantenerse activo durante el día son alternativas que pueden incorporarse a la rutina. Las recomendaciones internacionales consideran como referencia al menos 150 minutos de actividad física aeróbica moderada a la semana.
Esto puede traducirse en algo tan sencillo como 30 minutos de movimiento cinco días a la semana: caminar después de comer, subir escaleras, salir a andar en bicicleta o elegir una actividad que resulte divertida y sostenible.
La alimentación también juega un papel importante. Más que recurrir a dietas extremas, la recomendación es construir hábitos que puedan mantenerse a largo plazo, con una alimentación equilibrada y adecuada a las necesidades de cada persona.
Otro mito que vale la pena dejar atrás es pensar que una vez diagnosticada la prediabetes ya no hay nada que hacer. La evidencia muestra lo contrario. Los cambios intensivos en el estilo de vida pueden reducir de manera importante el riesgo de progresar a diabetes tipo 2 y, en algunas personas, ayudar a que los niveles de glucosa regresen a rangos normales.
“La prediabetes no avisa, pero sí ofrece una segunda oportunidad”, señaló la Dra. Fernanda Carballar, especialista en Endocrinología, quien destacó la importancia de identificar los factores de riesgo y realizar las pruebas de detección recomendadas por un profesional de la salud.
La especialista también llamó a no dejarse llevar por la ausencia de síntomas. Una persona puede tener prediabetes y continuar con su vida cotidiana sin notar cambios en su organismo.
Los antecedentes familiares son otro factor que debe considerarse. Tener padres o hermanos con diabetes puede incrementar la predisposición, pero no significa que desarrollar la enfermedad sea inevitable. Conocer ese antecedente permite prestar mayor atención a los hábitos y al seguimiento de la salud.
En este contexto, la prevención puede integrarse a la vida cotidiana sin convertirse necesariamente en una serie de restricciones. Dormir adecuadamente, mantenerse activo, cuidar la alimentación, reducir el sedentarismo y realizar revisiones médicas cuando corresponda son acciones que pueden formar parte de un estilo de vida saludable.
Para acercar información a la población, la iniciativa “Sácale la Roja a la Diabetes” cuenta con un test digital que puede responderse en menos de un minuto. La herramienta permite identificar factores de riesgo y clasifica los resultados como bajo, medio o alto, además de orientar sobre la posibilidad de realizar un monitoreo de glucosa y consultar a un profesional de la salud.
La invitación de los especialistas es sencilla: no esperar a sentirse mal para empezar a cuidarse. La prediabetes puede ser silenciosa, pero también representa un momento en el que pequeños cambios sostenidos pueden tener un impacto importante en la salud futura.
Porque cuidar la glucosa no tiene que significar dejar de disfrutar la vida: puede comenzar con caminar un poco más, elegir mejor lo que ponemos en el plato y conocer nuestro propio riesgo.
