
7 de cada 10 adultos en México viven con insuficiencia venosa crónica sin saberlo
Piernas hinchadas, pesadas, con dolor o picazón no son sólo molestias del día a día ni una consecuencia inevitable del envejecimiento. Estos síntomas pueden ser señales de insuficiencia venosa crónica (IVC), una afección progresiva y silenciosa que afecta a más del 70 % de los adultos en México, según datos recientes publicados por la Revista Mexicana de Angiología.
La IVC ocurre cuando las venas de las piernas pierden su capacidad para retornar la sangre al corazón de manera eficiente. La sangre se acumula, generando inflamación, cambios en la piel, várices y, en casos graves, úlceras de difícil cicatrización.
Una enfermedad común… y subestimada
La magnitud del problema es alarmante:
- Entre el 71 % y el 84 % de los adultos en México presenta signos de IVC.
- En personas con diabetes tipo 2, la prevalencia se eleva hasta un 89 %.
- Las mujeres son las más afectadas, con el 76 % de los casos.
- Hábitos como el sedentarismo, fumar y el uso frecuente de tacones altos son factores que aumentan el riesgo incluso en personas jóvenes.
¿Cómo identificarla?
Los principales síntomas de la IVC, según Cleveland Clinic, incluyen:
- Hinchazón persistente en piernas o tobillos
- Dolor, ardor o sensación de pesadez, sobre todo al final del día
- Várices visibles y picazón constante
- Cambios en la piel, como oscurecimiento o endurecimiento
- Úlceras venosas, especialmente cerca del tobillo

Prevenir y tratar: la clave está en la acción temprana
Aunque es una condición crónica, la IVC es prevenible y tratable si se detecta a tiempo. Cleveland Clinic recomienda:
- Elevar las piernas durante el descanso
- Caminar al menos 30 minutos al día para activar la circulación
- Usar medias de compresión, siempre bajo supervisión médica
- Evitar ropa ajustada que impida el flujo sanguíneo
- Mantener especial vigilancia en caso de vivir con diabetes
Un llamado a la conciencia médica y social
La insuficiencia venosa crónica continúa siendo una enfermedad subdiagnosticada en México, pese a su alta prevalencia y su impacto en la calidad de vida. Su silenciosa progresión y los mitos alrededor de sus síntomas hacen que muchas personas normalicen el dolor o el cansancio en las piernas, retrasando su atención médica.
La detección oportuna, el cambio de hábitos y la atención médica especializada pueden marcar la diferencia entre una vida con complicaciones y una vida activa y saludable.